Enseñanzas - Otros

Hermes Trismegisto, El camino de la cura está dentro de ti

Agradezco la oportunidad, de transmitir este mensaje para todos los hermanos y hermanas, que se han acercado.

En el tiempo en que encarné y llegué a la tierra como un ángel de Dios y lo sigo siendo, orienté a los hermanos y hermanas, con miras al progreso de cada uno de ellos, de ellas.

En estas orientaciones, un hermano me dijo: “tú eres un maestro para mí, sin embargo, no sé qué hacer, para vencer todos los malos pensamientos que tengo.   Quisiera dejar de pensar en ellos, pero no puedo.   Una y otra vez, vienen a mí y esto me angustia, me desespera, porque quiero estar en paz, quiero dejar de pensar de esa forma, quiero dejar de pensar en aquello, que sé que es el mal de otros, más no encuentro una salida”.

Y le dije: “aquel que busca el liberarse de aquello que lo atormenta, solo necesita mirar en su interior para encontrar la respuesta, yo sé, que se han acercado a ti, dieciséis (16) seres que te influencian para el mal, porque encontraron un eco en ti.    Quiero decirte, que estos seres se acercan por afinidad.   Si tú maldices, se te acercan seres que son maldicientes.   Si tú eres un ebrio, se te acercan aquellos seres que en vida, les agradaba la bebida.   De tal manera, que esta es una ley y cumpliéndose la ley, has atraído a ti a todos estos seres.   Si quieres entonces, liberarte, vas a tener necesariamente que cambiar de forma de pensar, para que, atraigas a ti seres que piensen de una forma distinta”.

Y este hermano me dijo: “¿a qué te refieres con seres?”.

Y le dije: “son personas que ya murieron y los atraído por la calidad de tus pensamientos.   Pero yo sé que has venido a buscarme, no porque quieras convertirte en unos de mis discípulos, has venido a buscarme, porque sientes que esto te atormenta y sabes que hay seres que están cerca de ti, aunque no los puedas ver”.

Y él me dijo: “es verdad maestro.   Ya me habían hablado de usted, que no podíamos engañarlo, que hasta sabía lo que pensábamos”.

Y le dije: “es verdad.   Sin embargo, para que tú te liberes, necesitas hacer un cambio radical en tu vida.   No lo haces, no te libras.   Sin embargo, sé que estos seres, te generan dolor en el pulmón derecho.   Sé que estos seres, te hincan el cuerpo cuando vas a dormir.   Sé que estos seres, hasta te mueven la cama, cuando te echas”.

Y él me dijo: “es verdad, ¿cómo lo sabes?”.

Y le dije: “tú mismo has dicho porque estás acá”.

Entonces, él me dijo: “maestro, ya que no puedo mentirte, ¿qué va a pasar si yo no cambio?”.

Y le dije: “de acuerdo a la ley de afinidad, entonces, seguirás atrayendo a más seres como él.   Es la ley, no lo vas a poder cambiar”.

Y él dijo: “entonces, ¿si es así?”.

Le dije: “si tú crees que no puedes cambiar, vive atormentado”

Me dijo: “maestro, ¿y si cambio?”.

Le dije: “te liberas de esto”.

Y él dijo: “es que no tengo fuerzas para cambiar”.

Y le dije: “siéntate, voy a traerte algo”.   Y le llevé un macetero y dentro una planta.   Y le dije: “¿ves que te he traído?”.

Y él dijo: “sí, una planta, ¿para qué?”.

Y le dije: “la vas a mirar hasta que descubras, qué cosa es lo que le da vida”.

Y me dijo: “¿esto me va a ayudar a liberarme?”.

Y le dije: “sí, regreso en una hora”.

Y cuando regresé, él me dijo: “la he mirado, una y otra vez, y no sé qué es lo que le da vida”.

Y le dije: “aquello que anima esta planta, es la misma fuente que te anima a ti, no la has descubierto, pero seguirás mirándola, hasta que logres ver, qué energía es la que le da vida a esta planta.   Cuando lo descubras, te habrás acercado a tu propia curación”.

Y todos los días llegaba y se quedaba horas contemplando la planta.   Hasta que después de veinticinco (25) días, me dijo: “maestro, luego de mirar tanto a la planta, he visto un resplandor, un resplandor, una luz blanca, no solo la rodea, sino que está dentro de la planta, pero esta luz la veo por momentos que aparece y que luego desaparece”.

Y luego le dije: “¿en qué momento comenzaste tú a observar esa luz?”.

Y él me contestó: “en mi desesperación, yo dije, la fuente que anima esta planta y me anima a mí, me tiene que ayudar a encontrar la verdad, porque solo no puedo.   Y cuando dije eso, comencé a ver esa luz”.

Y le dije: “entonces, ya que has visto esa luz, cierra tus ojos y busca esa luz dentro de ti, cuando la encuentres, te habrás acercado aún más a tu curación”.

Pasaron sesenta (60) días y me dijo: “maestro, he descubierto esa luz dentro de mí.  Y he descubierto que esa luz, además de ser perfecta, además de traerme una intensa paz y felicidad, creo yo, que es mi verdadero ser, creo yo, que es la fuente de todo lo que yo necesito en mi vida”.

Y le dije: “dime, ¿te atormentan esos seres?”.

Y él me dijo: “no, se han ido.  Ya no me hincan, ya no me fastidian, ya no brota en mi mente, pensamientos de maldad, ni de todo género de atrocidades, que aparecían una y otra vez en mi mente”.

Y le dije: “entonces, no te dije que te acercabas a la curación, estás sano, porque has encontrado el camino de la cura, no está fuera de ti, está dentro de ti.   Y está a tu alcance y al alcance de todos”.

Entonces, este es el mensaje que he traído en esta reunión para todos.   No olvides, la verdadera cura está dentro de ti, amén.

Gracias Padre por tanto amor, por tanta luz y perfección, por tanta perfección, por tanta luz.