Enseñanzas - Jesús

La Felicidad

Quien se está expresando en este momento es Jesús el Cristo y nuestro Padre me ha pedido que comparta con ustedes esta enseñanza:

Estando reunido con los apóstoles, en aquel tiempo, Mateo me preguntó: "Maestro ¿Podrías hablarnos sobre la felicidad?”. Y mirándolo a él y a los apóstoles les dije: "La felicidad, ya que emanamos todos de la misma fuente,  y él es la suprema felicidad para que tú tomes conciencia de que ésta. Está dentro de ti, debes primero erradicar todo aquello que significa para ti dolor y sufrimiento. Porque esto no te va a permitir entender la realidad que existe en tu interior y vivir plenamente la felicidad”.

Santiago me dijo: "Pero maestro, todos sufren, yo tengo aflicciones también, inclusive familiares, entonces ¿Cómo erradicar el sufrimiento para poder entender la felicidad?”. Y le contesté: "Si tú sufres, es porque tú has evaluado de acuerdo a tus propios conceptos. Qué cosa es felicidad, y qué cosa es sufrimiento. Y lo que tú has evaluado te conduce a ti a sentirte infeliz o bien porque algún familiar a perdido la salud o bien porque no tienes aquello que tú esperas. Sin embargo, si tú dejas de perturbarte por el futuro que aún no ha llegado. Entonces, ten la seguridad que esto para ti será un sufrimiento menos. Sin embargo, si te afecta el sufrimiento que padece tu madre, o tu hermano, o tu hijo. La pregunta para ti es ¿Podrás con el dolor que tú sientes modificar la condición de enfermedad de tus familiares?” “No maestro, por mucho que yo sienta dolor sé que nada va a cambiar la condición de ellos. Más he visto los milagros que tú has hecho en paralíticos, en ciegos y en tantos otros enfermos”. “Entonces ¿Tú estás preparado para dejar de sufrir?”. “Sí maestro, no quiero seguir sufriendo”. “Entonces, entiende que, de quien nosotros emanamos es perfecto. Y siendo perfecto, no tiene enfermedad. Y lo que tú estás viendo solamente es una apariencia que siendo transitoria. Significa para aquel que la vive. El aprender que debe modificar su vida, y enmendar los pensamientos que lo han conducido a la enfermedad”. “Pero señor ¿Cómo puedo yo si sufren mis familiares, dejar yo de sufrir?”. “Te vuelvo a decir, tú has hecho tuyo el sufrimiento, pero la enfermedad que por ejemplo tiene tu hermana no es tu enfermedad. Es de ella ¿Sabes cuánto tiempo va a seguir enferma?”. “No maestro”, me dijo, y yo le dije: "Va a estar así solo cinco días más”. “Señor yo creo”. “Entonces, si la enfermedad que tiene tu familia no es para siempre. ¿Por qué entonces tú te condenas a ser infeliz y a sufrir? Yo también tengo familiares que padecen diversas dolencias habiendo hecho nuestro Padre tantos milagros a través de mí. Hay quienes en mi familia aún sufren, sin embargo, yo sé que ese sufrimiento no es para siempre. Más soy feliz y soy feliz porque soy consciente de que Dios que está dentro de mí. Es esa fuente que me permite a mí sentirme feliz”. Y me dijo Santiago: "Pero maestro yo te vi llorar la otra noche. ¿Tus lagrimas eran por sufrimiento?”. “No Santiago”, le contesté. “Lloraba viendo lo que se habían hecho algunos de los que equivocadamente pretenden el mal contra el prójimo. Sabiendo todo lo que planifican, yo entiendo cuanto para ellos va a ser en el futuro rescatar los errores que han cometido. ¿Tú has visto al paralítico que le dije párate y camina?”. “Maestro”, me dijo Santiago, “lo vi yo y todos”. “Y se paró y caminó. Él fue cruel, él hizo mucho daño, por eso estaba postrado a las puertas de la iglesia. Sin embargo, el sufrimiento no es para siempre, la felicidad está dentro de cada uno de nosotros. Yo cuando oró y veo a nuestro Padre siento además de su presencia la inmensa felicidad que emana de él. Y que está en mí, a ustedes no les habló con parábolas. A ustedes les explico la verdad para que ustedes la compartan con los demás”.

Y me dijo Pedro: "Maestro ¿Entonces nosotros no debemos sufrir por lo que sufren nuestros familiares?”. Y yo le contesté: "Pedro ¿Qué modifica el que sufras tú el sufrimiento de tus familiares?”, “en nada maestro”. “Entonces, si nosotros emanamos de una fuente y esa fuente lo es todo incluyendo la felicidad, aquel que sufre es porque ha escogido transitoriamente vivir esa experiencia porque necesita cambiar. ¿Por qué entonces no escoger la felicidad?”.

Y me dijo Bernabé: "Maestro, mi madre tiene mucho dolor en la columna. Lo tiene ya hace muchos años y el dolor siempre está ahí. Yo la he visto llorar y he llorado con ella por su sufrimiento. ¿Debemos ser indiferentes al dolor?” Y yo le dije: "Bernabé ¿Te he pedido que seas indiferente ante el sufrimiento de tus hermanos?”. “No maestro”. “Entonces, si sufren tus hermanos y hermanas es porque ellos se equivocaron, más lo que debes hacer es procurar que esta enfermedad no permanezca más con ellos. Tienen el poder para que ellos, ellas se liberen del dolor, más deben ustedes recordarles que emanando de esta fuente. La felicidad es nuestro destino y esto es para todos”. “Entonces maestro”, me dijo Bernabé “¿cuándo lloraste fué porque sufrías?”, y le contesté: " “No lloré por mí, lloré porque sabía, qué le esperaba y esas lágrimas son sus lágrimas. No las mías”.

Y me dijo Pedro: "¿Nos puedes explicar que significa mis lágrimas son sus lágrimas y no las mías?”. Y yo les dije: "Cuando te digo hijo, es porque mi Padre está hablando a través de mí y cuando te digo: ‘Son sus lágrimas y no las mías’. Es porque yo sé cómo sufren mis hijos, de tal manera que así como te anunció aquello que está por venir y sé lo que está en tu corazón. No hay nada oculto para mí. Mi Padre y yo somos uno, y nos expresamos así en unidad. Más si es mi Padre el que habla, has de entender que él está dentro de ti. Dentro de mí y dentro de todos”.

Entonces, los apóstoles me miraron, se me acercaron y comenzaron a besar mi mano y yo les dije: "Tú estás besando la mano del Padre”. Y me dijeron: "Hemos entendido y si hemos entendido es porque señor nos has dado el entendimiento y te agradecemos por compartir con nosotros tu vida. Por estar con nosotros en la tierra, y aunque estés mucho o poco tiempo te agradecemos señor por habernos visitado”.

Esto ocurrió y esta es la enseñanza que nuestro Padre ha querido que comparta con ustedes, ámense, ese es siempre el camino.