Enseñanzas - Carlos Narváez

No dejes pasar las oportunidades que Dios te da para ser misericordioso y tu vida se transforme

En lo que respecta a Pedro, apóstol de Jesús, ya siendo un ángel le dijo a Jesús: “no entiendo porque mi esposa, habiéndole yo enseñado la verdad, y viendo tantos milagros que Yahvé está haciendo a través de mí, aún no se convierte; aún no entiende que esta es la obra de Yahvé”.

Y le dijo a Jesús: “tanto ha sido mi deseo de que ella no se exprese como lo estaba haciendo, que hasta cuando le dije: ‘por favor, guarda silencio porque estás expresándote de una forma que cuando mueras, Yahvé te pedirá cuentas’.  Y ella le dijo: ‘yo soy así y no me importa’ ”.

Y él comenzó a llorar.

Y Jesús le dijo: “Pedro, no llores porque antes de que muera, se arrepentirá y le pedirá perdón a Yahvé.   Y Yahvé escuchará su arrepentimiento, y Yahvé tendrá misericordia por todo lo que tú Pedro estás llevando adelante en la obra de Yahvé”.

¿Qué creen?, ¿qué los ángeles no han derramado lágrimas?.   Pero en estos casos, es distinta la situación que los lleva a esa condición a los ángeles.   Jesús por ejemplo, cuando veía cuánto sufrían sus hermanos, entonces, él luego de orar, a veces cuando se retiraba, se le caían las lágrimas.   Y cuando le decían: “maestro, ¿por qué lloras?”.

Él decía: “lloro por el daño que se han hecho así mismos al no querer vivir con amor, al no querer cumplir con la ley de nuestro Padre, con la ley de Yahvé”.

Así es que los ángeles cuando nacen en mundos como estos y un ángel para hacerlo, necesariamente ama, cuando encuentra el dolor ajeno se conduele de ese dolor.

De tal manera, que también a mí me ha pasado muchas veces, que de repente atendí a alguien en una condición de salud muy quebrantada y cuando se retiraba no hacía pasar a nadie, porque sencillamente se me caían las lágrimas por un sufrimiento que no era mío.

De tal manera, que en lo que respecta a esto si tú no te condueles con el sufrimiento de los que sufren, dile a Dios que te cambie ese corazón de piedra, por un corazón sensible y que ame a tu prójimo, porque no te salvas; si tú no amas, no te salvas.

Entonces, si tu prójimo al ver la felicidad en ti por procurarla para los demás, no le importa, es porque aún no ha descubierto a Dios dentro de sí, porque aquel que ha descubierto a Dios dentro de sí, cuando ve alegría en los demás, también se alegra con el prójimo.

En consecuencia, medita en esto porque conversando yo con los hermanos, las hermanas, arcángeles y más elevados que ellos, me decían: “en el colegio que es la Tierra”, -este es un colegio-, “cuántos hay que dejan pasar las oportunidades que Dios les pone frente a sí”.

¿A qué se referían?, a que si tú por ejemplo conoces de alguien que sufre y no elevas una plegaria a Dios, estás dejando pasar una oportunidad y si pidiendo a Dios por ese ser, no pides por todos aquellos que sufren como él, estás dejando no sólo una, sino muchísimas oportunidades más, ¿para qué?, para que Dios tenga misericordia de ti y para que tu vida se transforme.

Es que va a depender de ti.   ¿Yo qué hago?, yo cuando voy por la vida, sencillamente identificó con facilidad las oportunidades.   Cuando veo que hay una oportunidad de hacer el bien, no la dejo pasar.   Así es que va a depender de ti.

Yo he comentado hace pocos días, un motociclista estaba volteando y un carro se pasó el semáforo rojo y lo embistió y lo tiró al piso.   ¿Qué se hizo daño?, claro que se hizo daño.   Yo estacioné mi camioneta, me baje y lo fui a atender.   Y él se paró, comenzó a caminar y le dije: “¿te duele?”.   Y no podía creerlo, porque había caído con la moto, golpeándose la rodilla, se había hecho mucho daño.   Se paró y caminó.

Y Dios lo sanó así, en forma instantánea.   Caminaba, no le salían palabras, porque ese milagro lo había hecho Dios.

De tal manera, que no pases indiferente ante del sufrimiento de los demás, porque luego cuando te mueras, Dios te va a decir: “¿has tenido misericordia de tus hermanos, de tus hermanas?”.  Y te va a mostrar en una pantalla todos los momentos que Dios te dio la oportunidad de ser misericordioso.

Y ahora, si ya ese tiempo ya pasó, dile a Dios: “Dios mío, perdóname por todas las veces que no he sido misericordioso cuando he presenciado accidentes, he visto catástrofes por la TV, me he enterado del sufrimiento del prójimo y no he orado por ellos.   Perdóname y voy a orar y te pido por ellos, tengas misericordia, que sean felices y todo aquello que no pedí, te lo pido para ellos.  Que sean felices, que prosperen, que superen sus traumas, que puedan sobreponerse a la muerte de sus seres queridos”.

Nunca es tarde, nunca es tarde.  Pero sí es importante que lo hagas.